¿VALIÓ LA PENA CONCESIONAR EL FÚTBOL?
Lo ocurrido estos últimos años con dos de los clubes de fútbol con mayor arraigo popular -y especialmente lo que sucedió estar tarde en Talca- da para pensar si realmente las concesionarias eran la panacea para profesionalizar de mejor manera el fútbol chileno.
Si hilamos más fino, antes de la irrupción de las sociedades
anónimas deportivas, los clubes chilenos eran capaces de llegar hasta las
finales de la Libertadores, incluso ganarlas. Memorables fueron las campañas de
Colo-Colo, que obtuvo el torneo en 1991, las finales de Cobreloa en 1981 y
1982, y de la Universidad Católica en 1993, y la semifinal -con aroma a final-
de la Universidad de Chile en 1996.
Sin olvidar, eso sí, las finales alcanzadas por el conjunto
de Pedreros en 1973 y por la Unión Española en 1975. En todos estos casos, se
reflejó el gran momento que predecía a los citados equipos en los torneos
nacionales, donde eran los principales protagonistas.
Fuera de todo esto, los clubes chilenos incluso podían
pelear las contrataciones de destacadas figuras de las más sobresalientes
selecciones de la región. Ejemplos de ello fueron las llegadas de los
argentinos Néstor Gorosito y Alberto Acosta en la Universidad Católica; el
boliviano Marco Antonio Etcheberry -uno de los mejores jugadores altiplánicos
de todos los tiempos- y los también trasandinos Marcelo Espina en Colo-Colo y
Leonardo Rodríguez en la U, nombres que hasta el día de hoy quedaron grabados
en la retina de los hinchas de los clubes capitalinos, en sus etapas de
jugadores activos.
Desde que las concesionarias llegaron, sólo se consiguió una
Sudamericana, con la U. de Chile en 2011, una final en el mismo torneo con
Colo-Colo en 2006, además de dos semifinales de Libertadores por parte de la U
en 2010 y 2012. Otro punto es que ya no se observan contrataciones de figuras a
nivel competitiva de las selecciones más competitivas de la región, como
antaño.
Ni hablar de lo que pasa a nivel interno. lo de la temporada
2020 para los albos y la 2019 para los azules, refleja las malas decisiones de
quienes deberían velar por el bienestar de los clubes que dicen representar.
La UC también tuvo ese mismo problema en los inicios de la
década pasada, cuando dirigentes con una visión mezquina -y que provenían de
instituciones de estudios que se "jactan" de entregar
"papers" con soluciones para todos y cada uno de los problemas del
país- tuvieron al cuadro estudiantil por los tumbos. Tuvo que pasar un cambio
en la administración para que la institución cruzada se levantara y se
convirtiera en el club que es ahora sólo a nivel local.
Un club de fútbol no es lo mismo que una empresa que busca
generar lucro y beneficios económicos para quien la administra. Con esto no
digo que eso sea malo -por algo las empresas se crean-, sino que el club de
fútbol tiene una finalidad, un rol más social, de integrar a la comunidad, de
fomentar la cultura deportiva desde la infancia (cómo es posible que de los 3
clubes más grandes del país sólo uno genere constantemente jugadores que pueden
cumplir un papel aceptable en Primera División).
Si la solución era que Colo-Colo este año y la U el año
anterior bajaran o no, era muy complicado revisarlo en su totalidad, ahora con
un instante de mayor frialdad.
Quizás un cambio de timón, como lo han promovido tantas
veces para poner en la testera de la ANFP a los dirigentes de su conveniencia,
y más que nada por unos míseros excedentes de un canal que ahora pasó a manos
extranjeras, deban hacerlo a nivel interno y ver si, con eso, justificar el que
las concesionarias puedan de una buena vez por todas tomar el objetivo por el
cual se acercaron a los clubes deportivos, que era potenciarlos.
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